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El Parque Nacional Torres del Paine fue creado el 13 de mayo del año 1959 y forma parte del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado de Chile. El 28 de abril de 1978 fue declarado Reserva de la Biósfera, por la UNESCO. Tiene una superficie administrativa de 227.298 hectáreas y altitudes que varían entre los 50 y 3.050 metros. Entre sus principales características encontramos las siguientes:
HistoriaEl Macizo del Paine es un domo granítico de 12 millones de años, que desde 1970 se conoce como Parque Nacional Torres del Paine, y que al oriente de la Cordillera de los Andes, se erige entre lagos, valles, ríos y glaciares de la Duodécima región. En Marzo de 1975 la administración del Parque pasó a manos de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) y tres años después, en 1978, fue designado Reserva de la Biósfera en 1978 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura -UNESCO-. Pero muchos años antes de la llegada de los primeros visitantes a la zona, estas tierras estaban pobladas por diferentes grupos nativos. A pesar que son cuatro los asentamientos más importantes y de los que mayor cantidad de vestigios se han encontrado en la región, fueron sólo dos los grupos que vivieron específicamente dentro y cerca de este parque nacional. En la tierra vivieron los aónikenk y en el mar los kawéskar. El primer hallazgo aónikenk o “gente del sur” -conocidos también como patagones o tehuelches- fue avistado en el año 1526 y ocurrió en la zona nororiental del Estrecho de Magallanes. Los patagones fueron personas rudas y sencillas que se ubicaron en el territorio que comprende desde el Río Santa Cruz hasta el Estrecho de Magallanes y del Océano Atlántico hasta la precordillera. Nómades, recorrieron grandes distancias para cazar diversos animales que eran parte importante de su alimentación y vestimenta, y también constituían la materia prima para confeccionar sus instrumentos personales y de cacería como arcos, flechas, lanzas y boleadoras. La religiosidad de los tehuelches se vinculó a Elal, un personaje heroico que representaba el origen de los humanos. Además, conocida es la ritualidad que este pueblo le asignó al área de las Torres, especulándose que fueron ellos quienes llamaron a este lugar con la denominación “Payne”; lo que posiblemente significaría “Azul” en lengua tehuelche. A pesar de subsistir durante siglos, la presión que la nueva sociedad ejerció sobre ellos provocó su desaparición definitivamente de la Patagonia chilena en 1905. El otro asentamiento existente en la zona fueron los kawéskar o alacalufes. Pueblo cazador y de pescadores nómades, fueron avistados por primera vez en 1526 y cuestionados por los conquistadores ibéricos que, sorprendidos por una aparente barbarie, no entendieron su cultura. Pese a ello, eran un grupo bien conformado, fuerte y sufrido, magníficamente adaptado para vivir en un hábitat tan exigente y severo como es el occidente magallánico. Como pueblo pescador, la canoa o hallef era su objeto más preciado. En ellas recorrían importantes distancias para obtener el alimento que les permitiera subsistir en un territorio tan adverso. Al igual que los aónikenk, creían en un ser superior todopoderoso, llamado Xólas, creador de todas las expresiones vitales e inertes de la naturaleza y sobre todo, de las leyes morales que regían la conducta humana. Los alacalufes permanecieron en los mares patagónicos hasta la primera década del siglo XX, pero paulatinamente fueron desapareciendo hasta su extinción. Hoy Torres del Paine alberga una conciencia muy distinta a la de aquellos primitivos pobladores. En este proceso se han sucedido profundos cambios climáticos, bióticos e incluso culturales, sin embargo, es ese paraje extraordinario y su enorme patrimonio silvestre, el que ha mantenido el carácter único de quienes habitaron y hoy residen en la geografía austral. |
